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Tercer Premio de Poesía 2010

Agua nuestra

Antonio Rodríguez Alarcón

Los caminos del valle van al río
y allí junto al agua, amor espera.

A.Machado

A su fulgor el agua seducida se aquieta,
azulada sonrisa asomando en sus ondas.

L. Cernuda

(PRÓLOGO)
Agua generosa, esquiva o desbordada

a veces, ¿a dónde tu rumor me llama?

¿A dónde tu fragor me lleva?

I

Corre el agua, oculta bocanada o dorado espejo al sol,

saciando una sed de siglos.

Por intrincadas venas fluye, por robustos brazos que recogen y guían

su cuerpo mineral y líquido, su alma, ya vida desangrada.


Desde sierras violetas baja como lengua

en tropel y desemboca en humanos, hidráulicos artificios,

en alambicado laberinto al que se entrega,

se apresa o ensancha para salir a campo abierto,

al alto teso blanco y ocre que mira al río, a jardines de luz

o al subsuelo que la sepulta y acoge.


Agua articulada que vertebra y domestica

una intrincada red de arterias y vasos, de válvulas mecánicas:

como ortopédico cuerpo extendido e inabarcable

que palpita, que bombea su caudal

bajo la piel reseca del asfalto. Bajo nuestros pies,

corazón múltiple junto a nosotros siempre.



II

Agua nuestra, cuerpo animado que, sin alas vuela.

Sobrevuela el vacío, salva colinas de plata

y oteros que reverdecen en primavera, cornisa multicolor

que toca el cielo y a la ciudad se asoma.

Al Karaf, mirador de sueños volcado al río.


Agua nuestra, labio entreabierto que, sin boca besa

cosechas y olivares, el viñedo, el huerto familiar

o la palmera. Boca que besa el musgo de terciopelo,

el lecho blando de la acequia o el jardín.

Alivio para el insomnio que tortura la noche.


Agua nuestra, párpado de sombra que, sin ojos mira

y se asoma al vaso celeste del estanque,

al surtidor que baña el arrayán y el rosal del fuego.

Al brocal encalado, sellado de frescura,

el enramado de la yedra y la parra silvestre.


Agua nuestra, manto leve que, sin piel acaricia

rostro y manos, recorre el mármol gastado,

la fría losa del balneario o el lecho de la fuente.

Pule el suelo ennegrecido de huellas y pisadas

que deambulan el ardoroso estío.


Agua nuestra, omnipresente hermana que, sin brazos,

abraza y sacia las estancias de la casa y la oficina,

el afanoso interior de la fábrica, el palacio barroco

y el gimnasio, la pérgola y el cenador romántico.

Testigo de veladas al raso bajo la luna.


Agua nuestra en fin, sempiterno peregrino que, sin piernas

atraviesa arroyos y balsas, acelera el paso

arrastrando tras de sí torrenteras sin freno

o se remansa en la llanura o humedal buscando el mar

que la desposa y renueva.



III

Agua antigua y nueva que amasa el barro

que nos sostiene. Trasegada gota a gota, sorbo a sorbo.

Resisten a duras penas los vestigios de arcadas imposibles

sobre remotos sillares, milagro del cantero que trazara

tan airoso cauce. Hoy brazo mutilado o muñón que cuelga

sobre los lomos de la historia.


Canta el agua, y ríe y gime a veces. Besa o arrastra

un vendaval de furia, detiene el fuego

o corta potente el acero como cuchillo.

(EPÍLOGO)

Mas derrámate lenta, como semilla de rocío,

como diluvio diminuto. Cae sobre nuestro mundo pequeño

como bautismo o bendición y apaga piadosa

tanta sed irredenta, tanto infortunio.

Agua nuestra de cada día.

Introducción o argumentación del poema.

“Agua nuestra” es el título, con su carga de familiaridad y sentido de posesión, pero también podría titularse “Somos agua” pues, además de serlo, en el sentido material y literal en un gran porcentaje, el agua nos conforma y construye y se hace cada día más imprescindible y vulnerable.

Intencionadamente, el poema está precedido de dos citas de dos poetas universales, Antonio Machado y Luis Cernuda, sevillanos ambos, que tuvieron en el agua, en particular el primero, fuente y tema de inspiración. L. Cernuda tituló “Un río, un amor” uno de sus libros más preciados, si bien desde una óptica menos naturalista que Machado y más conceptual o metafísica.

El poema está estructurado en tres bloques, con un corto prólogo que interroga y un epílogo que de algún modo responde, cerrando este círculo interno de la obra. A lo largo de la misma se intenta hacer una relación de los usos y utilidades cotidianas del agua en general así como de sus principales manifestaciones. Alguna pincelada de carácter geográfico o histórico pretende situar un espacio físico determinado.

Una de las preocupaciones del autor ha sido la de glosar el agua, la protagonista, en uno de sus aspectos menos poéticos o más prosaicos: el agua potabilizada, articulada o vertebrada a través de canalizaciones diversas hasta hacerla llegar a su destinatario, y no por concesión a la empresa convocante del concurso, sino por constituir la presencia más común y cercana a cada persona, pese a su obviedad. Omnipresente realidad que pasa a veces desapercibida. El epílogo, por fin, que cierra el texto, constituye una especie de súplica o plegaria (profana) que enlaza con el prólogo, como ya se ha dicho, modesto homenaje a los poetas clásicos latinos.

Antonio Rodríguez Alarcón nació en Albolote, Granada en 1.950.

Trabaja como empleado de la Diputación Provincial de Granada. Anteriormente lo hizo en empresas de Artes Gráficas, Prensa y en la Radiotelevisión de Andalucía en Sevilla.

Desde 1.969 a 1.973 estudió dirección de cine en París, simultaneándolo con diversos trabajos.

Ha participado en cursos de pintura, serigrafía y técnicas orientales de estampación en talleres de la Universidad de Granada.

Escritor de poesía desde joven, ha obtenido numerosos premios en los últimos años:

-Biblioteca Municipal de Alhama de Granada: 2º premio. 2.001

-Certamen Artífice de Loja: 1er. premio. 2.001 -Premio Huerta de S. Vicente de Granada: 1er. premio. 2.002 -Premio Ciudad de Archidona (Málaga): 1er. premio. 2.002 -VIII Justas Literarias Camino de Santiago de Condes de Palencia: 2º premio -Premio Villa de Padul (Granada): 1er. premio. 2.003

Etc…

Ha publicado el poemario “Diario de urgencias”.

En el ámbito de las artes plásticas ha participado en diversas exposiciones colectivas e individuales. Recientemente expuso una amplia muestra de pintura, escultura, fotografía, instalaciones e intervenciones sobre objetos en las ciudades portuguesas de Castelo Branco y Vila Velha de Ródao.

En la actualidad prepara una exposición homenaje a poetas hispano-lusos (diez de cada país) en gran formato, y en los que se aúna pintura y poesía. La exposición tendrá carácter itinerante por diversas poblaciones de la Península.

 

 

 

 

 

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